Mi día a día, e imagino que al tuyo le pasará lo mismo, es una batalla sin cuartel por mi atención y mi tiempo.

Como practicante y devoto de la productividad personal que soy, mis días están planificados con antelación, con las tareas a realizar cada uno de ellos, para asegurar el cumplimiento de los proyectos y objetivos, en tiempo y forma.

Pero al bajar a la arena, cuando las manecillas del reloj habilitan el tiempo planificado, empieza la batalla. Ejércitos amorfos de correos electrónicos de todo tipo, visitantes inesperados y muchas veces inoportunos, precisamente por no ser esperados, urgencias histéricas, y un sinfín de interrupciones de todo tipo, irrumpen sin cuartel, agotando, si me descuido, mi tiempo y mi energía.

No te voy a mentir, no son pocos los días que pierdo la batalla. Termino exhausto, sin ser capaz de detallar con exactitud que he logrado hacer. Pero muchos otros, la gano. Mantengo a raya al enemigo, y alcanzo mis objetivos. ¿Sabes cuál es el gran secreto?, algo simple aunque muy efectivo, «tener una lista».

Escribe por la mañana al llegar, o con anterioridad, que es lo más importante que tienes que hacer en el día, priorizando u ordenando por aquello que más te acerca a tus objetivos en cualquier ámbito, y no la pierdas de vista en ningún momento. Tacha lo completado, añade o reordena tareas según las circunstancias, pero termina todos los días tu lista.

Escribirla en un papel es suficiente, aunque puedes usar otros métodos. A mí me guía un software de gestión de tareas y proyectos soportado sobre una inteligencia artificial, pero la lista diaria suele estar en papel, o en su equivalente en un iPad.

Enfocarte en lo que tienes que hacer, y no dejarse arrastrar por la vorágine de urgencias, distracciones, y disputas por tu tiempo, es el gran secreto y la clave de la productividad personal.

Y tú, ¿vas a empezar a hacer tu lista todos los días?

Faltan 229 días.

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Mi día a día, e imagino que al tuyo le pasará lo mismo, es una batalla sin cuartel por mi atención y mi tiempo.

Como practicante y devoto de la productividad personal que soy, mis días están planificados con antelación, con las tareas a realizar cada uno de ellos, para asegurar el cumplimiento de los proyectos y objetivos, en tiempo y forma.

Pero al bajar a la arena, cuando las manecillas del reloj habilitan el tiempo planificado, empieza la batalla. Ejércitos amorfos de correos electrónicos de todo tipo, visitantes inesperados y muchas veces inoportunos, precisamente por no ser esperados, urgencias histéricas, y un sinfín de interrupciones de todo tipo, irrumpen sin cuartel, agotando, si me descuido, mi tiempo y mi energía.

No te voy a mentir, no son pocos los días que pierdo la batalla. Termino exhausto, sin ser capaz de detallar con exactitud que he logrado hacer. Pero muchos otros, la gano. Mantengo a raya al enemigo, y alcanzo mis objetivos. ¿Sabes cuál es el gran secreto?, algo simple aunque muy efectivo, «tener una lista».

Escribe por la mañana al llegar, o con anterioridad, que es lo más importante que tienes que hacer en el día, priorizando u ordenando por aquello que más te acerca a tus objetivos en cualquier ámbito, y no la pierdas de vista en ningún momento. Tacha lo completado, añade o reordena tareas según las circunstancias, pero termina todos los días tu lista.

Escribirla en un papel es suficiente, aunque puedes usar otros métodos. A mí me guía un software de gestión de tareas y proyectos soportado sobre una inteligencia artificial, pero la lista diaria suele estar en papel, o en su equivalente en un iPad.

Enfocarte en lo que tienes que hacer, y no dejarse arrastrar por la vorágine de urgencias, distracciones, y disputas por tu tiempo, es el gran secreto y la clave de la productividad personal.

Y tú, ¿vas a empezar a hacer tu lista todos los días?

Faltan 229 días.

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