Es una preciosidad, susurré.

Cada día, mi sistema de productividad personal me recuerda que tengo que hacer la «Caminata infantil del asombro».

Es posible que no la hayas escuhado antes, porque no es muy conocida, pero es una actividad muy recomendable.

En esencia consiste en centrarse en algo muy concreto durante unos pocos minutos (entre 5 y 10), olvidando el resto, y admirando la belleza y grandiosidad de cosas como un hielo, con todas sus ramificaciones internas, un árbol, con todas sus ramificaciones externas, como incide la luz en un lugar determinado, etc. También vale un bosque, un amanecer, un copo de nieve, una montaña rocosa, un río, una acera o un mar bravo. Vale cualquier cosa.

Se trata de ver los patrones, de descubrir la belleza oculta, de maravillarse con la grandiosidad de las cosas más ínfimas, o palidecer ante la belleza de las más grandes. En definitiva, se trata de conseguir asombrarse todos los días.

Asombrarse en positivo es una experiencia muy gratificante, a menudo olvidada. Vamos tan rápido y tan absortos, que nos pasan desapercibidas las maravillas que se cruzan a cada minuto de nuestro camino, como piezas indefinidas en un continente existencial condenado al olvido.

Frena, para, mira y asómbrate. Y toma conciencia de cómo te sientes al asombrarte.

Y tú, ¿cuándo fue la última vez que te asombraste?

Faltan 256 días.

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Es una preciosidad, susurré.

Cada día, mi sistema de productividad personal me recuerda que tengo que hacer la «Caminata infantil del asombro».

Es posible que no la hayas escuhado antes, porque no es muy conocida, pero es una actividad muy recomendable.

En esencia consiste en centrarse en algo muy concreto durante unos pocos minutos (entre 5 y 10), olvidando el resto, y admirando la belleza y grandiosidad de cosas como un hielo, con todas sus ramificaciones internas, un árbol, con todas sus ramificaciones externas, como incide la luz en un lugar determinado, etc. También vale un bosque, un amanecer, un copo de nieve, una montaña rocosa, un río, una acera o un mar bravo. Vale cualquier cosa.

Se trata de ver los patrones, de descubrir la belleza oculta, de maravillarse con la grandiosidad de las cosas más ínfimas, o palidecer ante la belleza de las más grandes. En definitiva, se trata de conseguir asombrarse todos los días.

Asombrarse en positivo es una experiencia muy gratificante, a menudo olvidada. Vamos tan rápido y tan absortos, que nos pasan desapercibidas las maravillas que se cruzan a cada minuto de nuestro camino, como piezas indefinidas en un continente existencial condenado al olvido.

Frena, para, mira y asómbrate. Y toma conciencia de cómo te sientes al asombrarte.

Y tú, ¿cuándo fue la última vez que te asombraste?

Faltan 256 días.

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