Nuestras acciones marcan nuestras prioridades.

En mis ponencias sobre productividad personal incido en un detalle, en que son nuestras acciones, y no nuestras palabras o pensamientos, las que determinan nuestras prioridades. Puedo pensar, y decir mil veces, que mi prioridad es bajar peso, pero si luego ante toda elección entre verdura y bollos, elijo bollos, mi prioridad es obtener una satisfacción momentánea derivada de comerme el bollo, en vez de bajar de peso.

Esto es importante, porque afecta a mi COHERENCIA personal. Para mí, un valor fundamental, tanto a nivel personal, como de cualquier organización. Porque la coherencia genera CONFIANZA, que es el cemento de todo.

Ser coherente todo el tiempo es casi imposible. Somos humanos y erramos. Pero una cosa es ser un incoherente ocasional, y otra muy diferente, ser un incoherente patológico.

No parece razonable erigirte en defensor de la libertad de expresión, y luego impedir o dificultar de forma sistemática que los demás expresen lo que consideren adecuado. No puedes erigirte en defensor de la justicia y los valores cuando las faltas las cometen otros, y luego mirar a otro lado, o peor aún, justificarlo, o cambiar las reglas del juego, cuando son tus amigos, o tú mismo.

La incoherencia patológica es dañina. Para quien la ejerce, y para quienes son representados o representadas por quien la ejerce. Y por desgracia, la vemos demasiado, a todos los niveles.

Ofrezco y pido coherencia, porque ofrezco y pido confianza.

Y tú, ¿eres incoherente ocasional o patológico?

Faltan 268 días.

Comparte esta entrada del Diario

Nuestras acciones marcan nuestras prioridades.

En mis ponencias sobre productividad personal incido en un detalle, en que son nuestras acciones, y no nuestras palabras o pensamientos, las que determinan nuestras prioridades. Puedo pensar, y decir mil veces, que mi prioridad es bajar peso, pero si luego ante toda elección entre verdura y bollos, elijo bollos, mi prioridad es obtener una satisfacción momentánea derivada de comerme el bollo, en vez de bajar de peso.

Esto es importante, porque afecta a mi COHERENCIA personal. Para mí, un valor fundamental, tanto a nivel personal, como de cualquier organización. Porque la coherencia genera CONFIANZA, que es el cemento de todo.

Ser coherente todo el tiempo es casi imposible. Somos humanos y erramos. Pero una cosa es ser un incoherente ocasional, y otra muy diferente, ser un incoherente patológico.

No parece razonable erigirte en defensor de la libertad de expresión, y luego impedir o dificultar de forma sistemática que los demás expresen lo que consideren adecuado. No puedes erigirte en defensor de la justicia y los valores cuando las faltas las cometen otros, y luego mirar a otro lado, o peor aún, justificarlo, o cambiar las reglas del juego, cuando son tus amigos, o tú mismo.

La incoherencia patológica es dañina. Para quien la ejerce, y para quienes son representados o representadas por quien la ejerce. Y por desgracia, la vemos demasiado, a todos los niveles.

Ofrezco y pido coherencia, porque ofrezco y pido confianza.

Y tú, ¿eres incoherente ocasional o patológico?

Faltan 268 días.

Comparte esta entrada del Diario