La primera vez que escuche esta palabra fue pidiendo unos urumakis por Glovo en un nuevo establecimiento de cocina japonesa de La Eliana. Muy recomendables, por cierto, sobre todo el que se llama como el establecimiento.

Pero su significado real es algo diferente.

Consiste en «un cambio profundo y transformador del no hay retorno al estado inicial. Es ese punto de inflexión que nos alza por encima del miedo y las complicaciones, adoptando una nueva actitud ante la vida«.

Hoy empiezo mi primera tanda de vacaciones, pero también mi propio Henko.

El otro día te hablaba de la necesidad de un cambio exterior, adicional a las gafas nuevas, y ayer lo ejecuté. Pero su importancia no radica en ese cambio en sí mismo, que para empezar no sé si se mantendrá en el tiempo (casi seguro que no, porque no me veo así), sino en su capacidad de escenificar algo más profundo y transformador. Es un puro Henko, un punto de inflexión.

No es algo que haya aparecido de repente, de la nada, o al menos en mi caso no ha sido así. Se llevaba cocinando a fuego lento hace mucho tiempo. Lo notaba. Lo sentía.

Y aunque hoy todo pueda parecer igual, en realidad no lo es.

Y tú, ¿has vivido algún Henko en tu vida?

Faltan 87 días.

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La primera vez que escuche esta palabra fue pidiendo unos urumakis por Glovo en un nuevo establecimiento de cocina japonesa de La Eliana. Muy recomendables, por cierto, sobre todo el que se llama como el establecimiento.

Pero su significado real es algo diferente.

Consiste en «un cambio profundo y transformador del no hay retorno al estado inicial. Es ese punto de inflexión que nos alza por encima del miedo y las complicaciones, adoptando una nueva actitud ante la vida«.

Hoy empiezo mi primera tanda de vacaciones, pero también mi propio Henko.

El otro día te hablaba de la necesidad de un cambio exterior, adicional a las gafas nuevas, y ayer lo ejecuté. Pero su importancia no radica en ese cambio en sí mismo, que para empezar no sé si se mantendrá en el tiempo (casi seguro que no, porque no me veo así), sino en su capacidad de escenificar algo más profundo y transformador. Es un puro Henko, un punto de inflexión.

No es algo que haya aparecido de repente, de la nada, o al menos en mi caso no ha sido así. Se llevaba cocinando a fuego lento hace mucho tiempo. Lo notaba. Lo sentía.

Y aunque hoy todo pueda parecer igual, en realidad no lo es.

Y tú, ¿has vivido algún Henko en tu vida?

Faltan 87 días.

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