El otro día, un amigo me soltó varias andanadas seguidas de esas que no sabes si es un amigo de verdad, muy muy preocupado por mí, o un mercenario sin escrúpulo alguno, a sueldo de alguna clase de enemigo. Menos mal que sé que es amigo, creo.

Me dijo muchas cosas, que mejor no reproduzco aquí, pero una de ellas me llegó bastante, o al menos más que otras, dentro de la batería de las que podría reproducir aquí.

Me dijo que la sinceridad está sobrevalorada, o al menos, que yo la sobrevaloraba, aunque pienso que en realidad quería decir que la sobrestimaba. Porque él tenía muy claro que lo habitual era que alguien me dijera una cosa a la cara, y nada más girarme, dijera o hiciera otra.

También planteaba, a través de ejemplos de ámbitos generales, casos de personas que dicen públicamente A, hacen lo contrario de A, todo el mundo lo sabe y en general a casi todo el mundo le da igual, y que vuelvan a salir elegidas en votaciones, diciendo A, siendo ya lo esperable que haga lo contrario de A.

Es evidente que mi amigo tiene poca fe en la sinceridad de las personas y en el juicio crítico general.

Una parte de mí es consciente de que esto, al menos en parte, ocurre. Sin embargo, otra parte de mí, la resiliente, se sigue negando a creer que esta sea la tónica general. No sé si por ser ingenuo, o simplemente porque es tan triste y desmotivador, que me aferro a la posibilidad de su imposibilidad.

Prefiero seguir creyendo a y en las personas, al menos a y en aquellas que no me hayan demostrado de forma fehaciente que no son merecedoras de esta confianza. Porque no me gusta vivir pensando lo contrario, entre muchas otras cosas, porque acabas convenciéndote de que no merece la pena invertir un minuto en nadie, y eso mina tu propia vida, y la de los demás.

Aunque eso sí, no dudes que, por si acaso, cubro mi espalda.

Y tú, ¿crees también que la sinceridad está sobrevalorada o sobreestimada?

Faltan 124 días.

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El otro día, un amigo me soltó varias andanadas seguidas de esas que no sabes si es un amigo de verdad, muy muy preocupado por mí, o un mercenario sin escrúpulo alguno, a sueldo de alguna clase de enemigo. Menos mal que sé que es amigo, creo.

Me dijo muchas cosas, que mejor no reproduzco aquí, pero una de ellas me llegó bastante, o al menos más que otras, dentro de la batería de las que podría reproducir aquí.

Me dijo que la sinceridad está sobrevalorada, o al menos, que yo la sobrevaloraba, aunque pienso que en realidad quería decir que la sobrestimaba. Porque él tenía muy claro que lo habitual era que alguien me dijera una cosa a la cara, y nada más girarme, dijera o hiciera otra.

También planteaba, a través de ejemplos de ámbitos generales, casos de personas que dicen públicamente A, hacen lo contrario de A, todo el mundo lo sabe y en general a casi todo el mundo le da igual, y que vuelvan a salir elegidas en votaciones, diciendo A, siendo ya lo esperable que haga lo contrario de A.

Es evidente que mi amigo tiene poca fe en la sinceridad de las personas y en el juicio crítico general.

Una parte de mí es consciente de que esto, al menos en parte, ocurre. Sin embargo, otra parte de mí, la resiliente, se sigue negando a creer que esta sea la tónica general. No sé si por ser ingenuo, o simplemente porque es tan triste y desmotivador, que me aferro a la posibilidad de su imposibilidad.

Prefiero seguir creyendo a y en las personas, al menos a y en aquellas que no me hayan demostrado de forma fehaciente que no son merecedoras de esta confianza. Porque no me gusta vivir pensando lo contrario, entre muchas otras cosas, porque acabas convenciéndote de que no merece la pena invertir un minuto en nadie, y eso mina tu propia vida, y la de los demás.

Aunque eso sí, no dudes que, por si acaso, cubro mi espalda.

Y tú, ¿crees también que la sinceridad está sobrevalorada o sobreestimada?

Faltan 124 días.

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