Hace unos días acudí a una Jornada de Gestión Basada en Valor y escuché un concepto que me hizo mucha gracia, tanto a mí como al resto de la audiencia, quizá por lo familiar y conocido que nos pareció.

Me refiero al «síndrome del balancín«, entendido como no parar de moverse para permanecer siempre en el mismo sitio. El ponente hizo alusión al mismo como una de las posibles causas de la frecuencia con que se realizan actuaciones pseudo-innovadoras en las organizaciones, y que en realidad no lo son.

Piénsalo, ¿a cuántas de las ideas, proyectos o cosas que has visto últimamente le podrías asignar este síndrome?

Y como ya sabes que me encanta el isomorfismo de procesos, enseguida lo asimilo al mundo de la productividad personal, donde hay quien cree, equivocadamente, que lo importante es hacer, sin pensar si realmente lo que se hace es lo que hay que hacer, o sirve para algo lo que se hace.

Hablándolo con una compañera, me hizo gracia su definición. Lo asemejó al «movimiento browniano» que ella veía en algunas personas de su servicio. Constantemente en movimiento sin hacer nada en realidad.

Dándole una vuelta más, y juntándolo con las oscilaciones de las modas que tanto nos gusta seguir, al final pienso que en realidad hay dos movimientos sincrónicos. Por un lado, el balancín, y por otro, acompañando al anterior, un movimiento oscilo batiente lateral, también de ida y vuelta. Vamos, todo un mareo, para acabar siempre en el mismo sitio.

A veces pienso que es un arte, nefasto, pero un arte. Aunque un arte cuyos artistas no me gustan.

Y tú, ¿conoces casos de síndrome del balancín?

Faltan 170 días.

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Hace unos días acudí a una Jornada de Gestión Basada en Valor y escuché un concepto que me hizo mucha gracia, tanto a mí como al resto de la audiencia, quizá por lo familiar y conocido que nos pareció.

Me refiero al «síndrome del balancín«, entendido como no parar de moverse para permanecer siempre en el mismo sitio. El ponente hizo alusión al mismo como una de las posibles causas de la frecuencia con que se realizan actuaciones pseudo-innovadoras en las organizaciones, y que en realidad no lo son.

Piénsalo, ¿a cuántas de las ideas, proyectos o cosas que has visto últimamente le podrías asignar este síndrome?

Y como ya sabes que me encanta el isomorfismo de procesos, enseguida lo asimilo al mundo de la productividad personal, donde hay quien cree, equivocadamente, que lo importante es hacer, sin pensar si realmente lo que se hace es lo que hay que hacer, o sirve para algo lo que se hace.

Hablándolo con una compañera, me hizo gracia su definición. Lo asemejó al «movimiento browniano» que ella veía en algunas personas de su servicio. Constantemente en movimiento sin hacer nada en realidad.

Dándole una vuelta más, y juntándolo con las oscilaciones de las modas que tanto nos gusta seguir, al final pienso que en realidad hay dos movimientos sincrónicos. Por un lado, el balancín, y por otro, acompañando al anterior, un movimiento oscilo batiente lateral, también de ida y vuelta. Vamos, todo un mareo, para acabar siempre en el mismo sitio.

A veces pienso que es un arte, nefasto, pero un arte. Aunque un arte cuyos artistas no me gustan.

Y tú, ¿conoces casos de síndrome del balancín?

Faltan 170 días.

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