Su final, al ritmo de Hans Zimmer, es simplemente abrumador.

«El código Da Vinci» es una película que me gusta mucho. No me canso de verla, sobre todo su escena final. Y justo antes de dicha escena, en la Capilla de Rosslyn, en Escocia, Sophie Neveu le dice a Robert Langdon, una de esas frases que resuena especialmente en mí. Y aunque antes dice una variación que es «Somos lo que protegemos», luego cambia a «Somos lo que defendemos», que me resuena mejor.

Somos lo que defendemos porque creemos en lo que defendemos. Porque al hacerlo, nos mimetizamos con ello, asumimos los valores inherentes a lo que defendemos y los convertimos en propios, y los incorporamos a nuestro yo y a nuestra marca personal. Lo mismo ocurre con las organizaciones, y por supuesto, con las sociedades científicas.

Por este motivo es importante saber lo que defendemos.

Pero ojo, que la forma en como defendemos lo que nos importa también es relevante, porque a veces, en el fragor de esa defensa, perdemos la esencia real de lo que defendemos y hacemos otra cosa. Por ejemplo, si yo defiendo la libertad de expresión, pero para hacerlo impido que otros puedan ejercer su libertad de expresión, porque no piensan como yo, se genera la paradoja de que defiendo un derecho general, que quiero impedirles a otros. Y al final no estoy defendiendo la libertad de expresión, sino que la utilizo como excusa y discurso falso con el único fin de imponer mi criterio a los demás, y en definitiva, defiendo exactamente lo contrario a la libertad de expresión.

¿Eres consciente de lo que defiendes? ¿Y de las formas que utilizas?

Faltan 297 días.

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Su final, al ritmo de Hans Zimmer, es simplemente abrumador.

«El código Da Vinci» es una película que me gusta mucho. No me canso de verla, sobre todo su escena final. Y justo antes de dicha escena, en la Capilla de Rosslyn, en Escocia, Sophie Neveu le dice a Robert Langdon, una de esas frases que resuena especialmente en mí. Y aunque antes dice una variación que es «Somos lo que protegemos», luego cambia a «Somos lo que defendemos», que me resuena mejor.

Somos lo que defendemos porque creemos en lo que defendemos. Porque al hacerlo, nos mimetizamos con ello, asumimos los valores inherentes a lo que defendemos y los convertimos en propios, y los incorporamos a nuestro yo y a nuestra marca personal. Lo mismo ocurre con las organizaciones, y por supuesto, con las sociedades científicas.

Por este motivo es importante saber lo que defendemos.

Pero ojo, que la forma en como defendemos lo que nos importa también es relevante, porque a veces, en el fragor de esa defensa, perdemos la esencia real de lo que defendemos y hacemos otra cosa. Por ejemplo, si yo defiendo la libertad de expresión, pero para hacerlo impido que otros puedan ejercer su libertad de expresión, porque no piensan como yo, se genera la paradoja de que defiendo un derecho general, que quiero impedirles a otros. Y al final no estoy defendiendo la libertad de expresión, sino que la utilizo como excusa y discurso falso con el único fin de imponer mi criterio a los demás, y en definitiva, defiendo exactamente lo contrario a la libertad de expresión.

¿Eres consciente de lo que defiendes? ¿Y de las formas que utilizas?

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