Lo sé, no es la primera vez que hablo de él. Ya lo hice hace muchos meses, y también te hablé otro día sobre el software que utilizaba para sustentarlo, pero es que de cada diez compañeros o compañeras a quienes hablo del cerebro digital, diez me miran con cara de no tener ni idea de que les estoy hablando.

Y me da mucho coraje, porque de verdad que no sabes lo que te estás perdiendo.

Requiere tiempo y dedicación, sin ninguna duda, pero su retorno de la inversión es magnífico.

Lo reconozco, pero en positivo. Tengo completa dependencia de él. En el cohabitan, de forma ordenada y estructurada, mi gestión de tareas y proyectos, personales y profesionales, la gestión de toda mi perspectiva, mis fotos, muchos videos, mi diario personal, mis modelos mentales, mis pensamientos, mis experiencias, mis reuniones, mis acuerdos, lo que me gusta y lo que no, lo que veo, etc, etc.

Me preparo las reuniones con lo que él me devuelve de reuniones y acuerdos anteriores, sonrío viendo y rememorando los detalles de experiencias vividas y ya medio olvidadas (y aún no llego a dos años), controlo hábitos, tareas pendientes y evolución de proyectos, y le dejo a mi hijo mis modelos mentales, y mis porqués, entre otras muchas cosas, porque como yo, mi cerebro digital es holístico.

Hace unos meses, una luz muy brillante en forma de aplicación web mega molona, me deslumbró. Y durante un par largo, o más bien tres meses, le fui infiel a Obsidian como herramienta de soporte, y flirteé con Tana. Y es que me encantaba como hacía Tana algunas cosas, sus supertags y todo lo que implicaba su uso en términos de potencia en cuanto a explotación de la información y a productividad. Pero sabes qué pasó al final, que volví a Obsidian, cansado y harto de haber perdido el control holístico sobre mi vida.

Y es que Obsidian parece que solo son notas de texto simple, pero bien utilizado, con una buena configuración de sus plugin de la comunidad, y gracias a su versatilidad, es una auténtica apisonadora, que, además, consigue rutinizar la incorporación y actualización de contenidos.

Al menos algo saqué en positivo de mi flirteo, porque decidí tanarizar Obsidian, es decir, reproducir dentro de Obsidian funcionalidades propias de Tana, e incluso mejorarlas, y todo ello en modo local. Hoy en día, mi «vault» me encanta, y no deja de mejorar día a día.

Soy muy consciente de que Obsidian requiere de una buena curva de aprendizaje, pero si estás dispuesta o dispuesto a aprender, y necesitas ayuda, solo tienes que decírmelo.

Y tú, ¿te vas a decidir a incorporar un cerebro digital en tu vida?

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Lo sé, no es la primera vez que hablo de él. Ya lo hice hace muchos meses, y también te hablé otro día sobre el software que utilizaba para sustentarlo, pero es que de cada diez compañeros o compañeras a quienes hablo del cerebro digital, diez me miran con cara de no tener ni idea de que les estoy hablando.

Y me da mucho coraje, porque de verdad que no sabes lo que te estás perdiendo.

Requiere tiempo y dedicación, sin ninguna duda, pero su retorno de la inversión es magnífico.

Lo reconozco, pero en positivo. Tengo completa dependencia de él. En el cohabitan, de forma ordenada y estructurada, mi gestión de tareas y proyectos, personales y profesionales, la gestión de toda mi perspectiva, mis fotos, muchos videos, mi diario personal, mis modelos mentales, mis pensamientos, mis experiencias, mis reuniones, mis acuerdos, lo que me gusta y lo que no, lo que veo, etc, etc.

Me preparo las reuniones con lo que él me devuelve de reuniones y acuerdos anteriores, sonrío viendo y rememorando los detalles de experiencias vividas y ya medio olvidadas (y aún no llego a dos años), controlo hábitos, tareas pendientes y evolución de proyectos, y le dejo a mi hijo mis modelos mentales, y mis porqués, entre otras muchas cosas, porque como yo, mi cerebro digital es holístico.

Hace unos meses, una luz muy brillante en forma de aplicación web mega molona, me deslumbró. Y durante un par largo, o más bien tres meses, le fui infiel a Obsidian como herramienta de soporte, y flirteé con Tana. Y es que me encantaba como hacía Tana algunas cosas, sus supertags y todo lo que implicaba su uso en términos de potencia en cuanto a explotación de la información y a productividad. Pero sabes qué pasó al final, que volví a Obsidian, cansado y harto de haber perdido el control holístico sobre mi vida.

Y es que Obsidian parece que solo son notas de texto simple, pero bien utilizado, con una buena configuración de sus plugin de la comunidad, y gracias a su versatilidad, es una auténtica apisonadora, que, además, consigue rutinizar la incorporación y actualización de contenidos.

Al menos algo saqué en positivo de mi flirteo, porque decidí tanarizar Obsidian, es decir, reproducir dentro de Obsidian funcionalidades propias de Tana, e incluso mejorarlas, y todo ello en modo local. Hoy en día, mi «vault» me encanta, y no deja de mejorar día a día.

Soy muy consciente de que Obsidian requiere de una buena curva de aprendizaje, pero si estás dispuesta o dispuesto a aprender, y necesitas ayuda, solo tienes que decírmelo.

Y tú, ¿te vas a decidir a incorporar un cerebro digital en tu vida?

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