Ayer tuvimos tarde de chicos.

Si me sigues, ya sabrás que mi mujer también es farmacéutica de hospital, y ayer tenía guardia presencial, así que fui a recoger a nuestro hijo, que va a cumplir diez años en unos días, al colegio.

Una vez en casa, a nuestro hijo le apetecía jugar un rato, y pactamos que él jugaría hasta las seis de la tarde, y de paso, yo aprovechaba para avanzar en algunas cosas retrasadas de una jornada que estoy organizando.

A las seis y cinco minutos de la tarde, nos pusimos a repasar sociales, porque al día siguiente tenía examen, y era importante asegurarnos de que se lo sabía bien, y no solo como un lorito, sino entendiendo las ideas y los trasfondos.

Durante hora y media estuvimos repasando, parando exclusivamente para encargar que nos trajeran a casa las hamburguesas que íbamos a cenar.

Cuando llegó el pedido, cenamos tranquilamente en la cocina, hablando de esas hamburguesas, comparándolas con otras marcas. Hablando de futbol, de sus amigos del cole, y de otras cosas. Nada especial o destacable, en principio.

Al terminar, buscamos una película para ver en la tele. No hay tarde de chicos que se precie que no tenga película incorporada. Vimos una que ya habíamos visto en el cine hacía dos años, pero como no nos acordábamos mucho, la volvimos a ver.

Y luego nos fuimos a dormir. Cuando mi mujer tiene guardia, nuestro hijo aún duerme conmigo.

No hubo nada que pudiéramos decir extraordinario, o impactante, o reseñable especialmente, pero simplemente fue una tarde maravillosa.

¿Por qué te cuento esto?, pues porque esa misma mañana alguien me había invitado a una jornada científica que se iba a celebrar en unas semanas, con un horario a partir de las 19:00 h, y se habían quedado un poco extrañados cuando dije que no asistiría.

Hace tiempo tomé una decisión, y es que, en la medida de lo posible y razonable, no me iba a perder a mi hijo.

Es verdad que no siempre puedo estar, porque a veces, hay obligaciones que atender fuera de horario laboral, porque he asumido una responsabilidad que tengo que ejercer, y también creo que él debe entender que así debe de ser. Pero no tengo ninguna duda en decir que no a todo lo de demás, aunque otras personas no lo entiendan o no les guste.

Creo que, en esta vida, es fundamental saber lo que importa, y lo que no. Respetando, por supuesto, que cada cual es libre de decidir lo que le importa, y lo que no.

Y tú, ¿tienes claro lo que importa, y lo que no?

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Ayer tuvimos tarde de chicos.

Si me sigues, ya sabrás que mi mujer también es farmacéutica de hospital, y ayer tenía guardia presencial, así que fui a recoger a nuestro hijo, que va a cumplir diez años en unos días, al colegio.

Una vez en casa, a nuestro hijo le apetecía jugar un rato, y pactamos que él jugaría hasta las seis de la tarde, y de paso, yo aprovechaba para avanzar en algunas cosas retrasadas de una jornada que estoy organizando.

A las seis y cinco minutos de la tarde, nos pusimos a repasar sociales, porque al día siguiente tenía examen, y era importante asegurarnos de que se lo sabía bien, y no solo como un lorito, sino entendiendo las ideas y los trasfondos.

Durante hora y media estuvimos repasando, parando exclusivamente para encargar que nos trajeran a casa las hamburguesas que íbamos a cenar.

Cuando llegó el pedido, cenamos tranquilamente en la cocina, hablando de esas hamburguesas, comparándolas con otras marcas. Hablando de futbol, de sus amigos del cole, y de otras cosas. Nada especial o destacable, en principio.

Al terminar, buscamos una película para ver en la tele. No hay tarde de chicos que se precie que no tenga película incorporada. Vimos una que ya habíamos visto en el cine hacía dos años, pero como no nos acordábamos mucho, la volvimos a ver.

Y luego nos fuimos a dormir. Cuando mi mujer tiene guardia, nuestro hijo aún duerme conmigo.

No hubo nada que pudiéramos decir extraordinario, o impactante, o reseñable especialmente, pero simplemente fue una tarde maravillosa.

¿Por qué te cuento esto?, pues porque esa misma mañana alguien me había invitado a una jornada científica que se iba a celebrar en unas semanas, con un horario a partir de las 19:00 h, y se habían quedado un poco extrañados cuando dije que no asistiría.

Hace tiempo tomé una decisión, y es que, en la medida de lo posible y razonable, no me iba a perder a mi hijo.

Es verdad que no siempre puedo estar, porque a veces, hay obligaciones que atender fuera de horario laboral, porque he asumido una responsabilidad que tengo que ejercer, y también creo que él debe entender que así debe de ser. Pero no tengo ninguna duda en decir que no a todo lo de demás, aunque otras personas no lo entiendan o no les guste.

Creo que, en esta vida, es fundamental saber lo que importa, y lo que no. Respetando, por supuesto, que cada cual es libre de decidir lo que le importa, y lo que no.

Y tú, ¿tienes claro lo que importa, y lo que no?

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